martes, 13 de agosto de 2019

Al estilo de Jorge Rulli: Un exquisito e imperdible repaso histórico radial del que se cumplen 14 años




El peronismo existe
¡Recién ahora descubre la "razón populista"!


Hace relativamente poco, el sociólogo argentino Laclau que vive y ejerce en los EEUU, y a propósito de su interpretación y su valorización del régimen del presidente Chávez en Venezuela, presentó en Buenos Aires su libro La Razón Populista, libro que revisa la tradicional categoría del populismo, y reivindica ese modelo social tanto tiempo menoscabado por el pensamiento sociológico, reconociéndolo en forma positiva como un modelo en que los sectores mas desfavorecidos logran acceder a los mecanismos de participación ciudadana de los que han sido largamente excluidos. Según Laclau, el populismo ensancha entonces, las bases mismas de la Democracia. Este libro de Laclau sucitó, tal como era de esperar, una seria de comentarios aprobatorios, y motivó reflexiones entre nuestros intelectuales locales tan propensos siempre a dejarse instalar en su propio imaginario los grandes temas que como modas intelectuales nos llegan desde el exterior.

En realidad no podemos menos que coincidir con esa apreciación que hace Laclau del Populismo. Lo que lamentamos es la prolongada demora de este reconocimiento. Beatriz Fortunato, una de las más lúcidas exponentes del pensamiento de la juventud peronista, afirmaba en el año ´58 que es el pueblo y no las minorías esclarecidas o la inteligencia supuestamente revolucionaria, el artífice de la historia. En las polémicas de la época con la izquierda universitaria y con ánimo desafiante y provocador terminaba el discurso afirmando que si ese pueblo se expresaba en la persona del Líder, era éste en definitiva ese artífice de la historia que se busca reconocer. Por supuesto que en aquel entonces ese tipo  de afirmaciones era sal en las heridas de sectores atrapados entre sus postulados teóricos y las complicidades que los ataban a la dictadura, la intervención a los sindicatos y el saqueo de los bienes de los trabajadores.
Recuerdo haber leído en aquellos años el libro Casa Tomada, de Julio Cortázar. Así como para muchos en los años sesenta el libro emblemático de Cortázar siempre será Rayuela, para mi lo fue Casa Tomada. Al leerlo, en medio de la tensión angustiante de una época de fin de fiesta, no puede dejar de sentir que expresaba ese clima racista y asfixiante que los sectores medios habían construido como una trampa abominable en la Argentina de aquellos años cincuenta y que tan bien pinta el libro; clima de ciudad tomada, clima de acoso por parte de la barbarie innominada, inabarcable y sin rostro que surge imprecisa en las páginas del libro pero que en realidad se expresaba con alegría y desenfado en las playas de turismo llenas de familias de obreros cocinando o tomando mate, en las plazas en que confraternizaban los colimbas con las empleadas cama adentro, en los bailongos como La Enramada, de Plaza Italia, que era lo más emblemático de la cultura popular de la época, y lo peor de todo, en la ocupación de casas a la que refiere el libro de Cortázar. La apropiación de la propiedad privada se vivía como un avance lento, fantasmal e inexorable de la marea popular que para esos sectores de medio pelo a los que había anatemizado desde la radio Discépolín; expresaba lo hediondo, lo negro, lo aterrorizante, lo espantoso, lo inexpresable que fue preciso exterminar con la llamada "Libertadora", con el decreto 4161 y ls fusilamientos. Cortázar no fue inocente en ese libro magistral. Él también, al igual que Laclau y que tantos otros argentinos angustiados por la propia desolación y el extrañamiento, supo descubrir su propia realidad nacional a través de otros fenómenos lejanos aunque análogos, tan lejanos como la Revolución Cubana o como la Revolución Nicaragüense, revoluciones sociales que podían llegarle a impactar el intelecto y ganar el sentimiento, pero que no le escocían la piel allí donde la proximidad convierte los gestos primarios en prejuicios. El propio barrio, en que el enemigo se corporizaba en la familia intrusa que tomó la casa abandonada de la esquina o en la empleada doméstica que se atrevió a sentarse con su novio en la misma confitería de la avenida Santa Fe a la que concurría habitualmente la madre y la hermana con sus amigas... Y en buena hora que la gente cambie y que el espíritu se abra sentimientos más elevados y podamos reconocer a los grandes pensadores y escritores y homenajearlos como se merecen. Pero no olvidemos nunca a esa masa anónima de hombres y mujeres que hacen la historia día a día, mediante el populismo o lo que sea, héroes anónimos que abren con valor y con esfuerzo los caminos de la historia... caminos que son siempre originales y cuestionadores... absolutamente cuestionadores del Poder...


La inolvidable consigna "patria si, colonia no"


En aquellos años de la primera Resistencia Peronista, el Nacionalismo Revolucionario era un sentimiento que aligeraba nuestro espíritu, una fuerza desordenada pero impetuosa que estallaba como un alarido en la consigna inolvidable PATRIA SI, COLONIA NO o en pensamientos emblemáticos como ese con que acostumbrábamos cerrar nuestros escritos y que nos sobrecogía con la fuerza de un compromiso absoluto: "La patria dejará de ser colonia o nuestra bandera flameará sobre sus ruinas"...
En alguna de aquellas noches d interminables diálogos con los hermanos compañeros, cuando las referencias a los problemas internacionales y la recuperación de las memorias y los orígenes en la postguerra de los movimientos de liberación nacional eran inevitables, alguna vez Beatriz Fortunato me habló de la matanza de Katyn por los rusos, durante la primavera del año '40 en la Polonia ocupada. Transcurrieron muchos años desde entonces y jamás volví a tener algún testimonio sobre esa carnicería en que el ejército de la URSS liquidó en un solo día a toda la oficialidad del Ejército Polaco, pensemos que en una sola fosa se encontraron más de cinco mil cadáveres y que habría según parece varias otras... Antes de los hornos y de la Shoa, los rusos iniciaron en Polonia la limpieza étnica... Pero de eso no se habla, porque no corresponde con el discurso dominante, y quizá por eso nos cueste comprender muchas cosas que ocurrieron después en la propia Polonia, incluyendo la extendida indiferencia ante los campos de exterminio. Sin embargo, y aunque se insista en que la historia la escriben los que ganan, la semana pasada un video conmovedor denominado justamente "La matanza de Katyn" llegó a mis manos con las imágenes de los desenterramientos y de las fosas y la presencia de la Cruz Roja Internacional tomando testimonio de tantos crímenes impunes.
Si, dicen que la historia la escriben los vencedores y además de ser ello una obviedad, es una supuesta verdad que como tantas otras damos por ciertas sin tener en cuenta cuanto de negación conlleva de nosotros mismos y de aquella fuerza de los pueblos artífices de su propia historia. Es posible que la historia la escriban los vencedores pero sólo por algún tiempo... Pensemos que quedó de aquel sarcasmo de Stalin en Yalta, cuando se menciona al Vaticano y él preguntó ¿de cuantas divisiones de tanques dispone el Papa?... Imaginemos como si fuera un juego, quién va a contar la historia de Irak dentro de quince años cuando el ejército de obesos comedores de chatarra industrializada deban replegarse agobiados por su propia crisis financiera, la debacle del petróleo y los colapsos que les provoquen en las megalópolis los cambios climáticos que ellos mismos han desatado en el Planeta con su consumismo desmedido y su desprecio por el medio ambiente.
Hace muchos años estando preso en una cárcel del Uruguay debí compartir la celda con un compañero de la izquierda uruguaya, hijo de rusos exiliados, para más exactitud, cosacos de la Rusia rural del sur. Cosacos que aunque en su momento lucharon contra el Zar y fueron progresistas se vieron luego del año '17 empujados al campo de la contrarrevolución por el tipo de emisarios del Partido Bolchevique que llegaron a la Comunidad en la que vivían, emisarios autoritarios, con desprecio por la cultura local cosaca y con desconocimiento total de las normas y de los liderazgos tradicionales. Me contaba este amigo, en aquellos días de convivencia carcelaria, como su padre que llegó a ser Atamán, o sea que llegó a ser el Superior de toda la comunidad de rusos exiliados en el Uruguay, organizó en ese país una importante agrupación de la colectividad denominada Máximo Gorki.
Me refirió asimismo alguna vez, de cuando los alemanes en junio de 1941 rompieron el pacto con los rusos y atacaron el frente ruso prácticamente indefenso, penetrando profundamente en el territorio de la URSS. Frente a la nueva situación Stalin cambió el discurso que tenía hasta ese momento y para lograr movilizar las energías colectivas contra el invasor alemán, apeló a los profundos sentimientos del Pueblo ruso, a la defensa de la madre tierra y la sacralidad del territorio patrio. Me refiero al pacto Ribbentrop-Molotov, pacto de no agresión, de repartos de territorios y definición de esferas de influencia que había firmado Stalin con Hitler en agosto de 1939, y que va a justificar el reparto del territorio polaco con los rusos y alemanes y en el marco del cual los rusos produjeron la matanza de Katyn.


La Agrupación Máximo Gorki, en Uruguay.


En Uruguay, los miembros de la Agrupación Máximo Gorki dejaron a finales del año '41 sus opciones políticas de lado y decididos a aportar al esfuerzo de guerra patria, se presentaron en la Embajada de la URSS en Montevideo y se ofrecieron como voluntarios. Fueron recibidos por el embajador, quién les agradeció la disposición y los derivó a diversas campañas para aportar al esfuerzo ruso de la defensa. Terminada la guerra se les solicitó a los emigrados un último y particular esfuerzo, el de acompañar con trabajo voluntario la ampliación del Aeropuerto de Carrasco en Montevideo. Y allí fueron a trabajar los rusos emigrados en el Uruguay, cargando camiones con cemento y agrandando las pistas en un esfuerzo que en ese momento no supe cómo justificar.
Muchos años después, ya en los ochenta y viviendo yo en Estocolmo me llegó la información proveniente de archivos secretos del Gobierno norteamericano que después de más de treinta años se estaban desclasificando y dándoselos a conocer. Uno de ellos nos concernía particularmente, pues refería a las hipótesis de guerra nuclear que se habían alimentado en la postguerra o sea en el inicio de la guerra fría. Y una de las hipótesis de ataque nuclear que se mencionaba, había sido la Argentina, más concretamente la ciudad de Buenos Aires, y la base de lanzamiento prevista de los B52 capaces de transportar la bomba era el Aeropuerto de Carrasco que para esos efectos se había agrandado convenientemente.
O sea que la Argentina, en esos años '46y '47 no sólo fue bloqueada por los grandes bancos norteamericanos, no sólo fue agredida internacionalmente por las radios de los sindicatos amarillos internacionales y por la radios uruguayas en una campaña sistemática de desinformación y de injurias, sino que también había sido la hipótesis de ataque nuclear. Y no sólo eso, sino que los rusos lo sabían y movilizaron a su propia gente para concretar la infraestructura necesaria para el ataque...
Justamente en estos días se conmemora el sexagésimo aniversario del primer ataque atómico que se produjo en el mundo, me estoy refiriendo al estallido de la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima el día 6 de agosto de 1945. Las primeras muertes fueron solamente 40.000, pero aún continúan muriendo y el año pasado fallecieron 5.375 personas según nos informa el poeta Juan Gelman, en un artículo recordatorio. Sobrecoge pensar que ese horror nos estuvo asimismo destinado, que Buenos Aires figuró durante meses en una lista de objetivos norteamericanos para un ataque similar y que hubo quienes aportaron esfuerzo para que ello sucediera.
Aquellos años en que estuvimos bajo la amenaza de la bomba fueron sin embargo momentos de mucha intensidad y exaltación para la Argentina. Pujamos con los vencedores por los sabios y los técnicos de la Alemania derrotada y según nos dice nuestro amigo Guillermo David, biógrafo eminente de la vida del gran filósofo argentino Carlos Astrada, en el reparto seguramente las grandes potencias se quedaron con los más capaces y nuestro país logró la visa para menos sabios que criminales de guerra. Pero hay algo cierto que testimonian algunos d los protagonistas, el Estado argentino que los recibía sólo les reclamó a esos alemanes un claro compromiso con la industrialización del país, esfuerzo técnico al que debían dedicarse como razón de su venida. Aquellos años fueron también intensos porque registran el viaje de Evita en el que nuestro país se esfuerza por contrarrestar el Plan Marshall sobre la Europa de postguerra. Y con su capacidad de proveer comida a un continente exhausto, la Argentina logró romper el aislamiento internacional de España y firmó importantes tratados comerciales con Francia, con Suiza y con Italia. También son los años del Congreso Nacional de Filosofía en que el cuerpo diplomático argentino en Europa realizó un esfuerzo extraordinario para lograr traer al país a Heidegger, el más grande filósofo vivo, objetivo que al fin no se consiguió por la obstinación de las autoridades militares norteamericanas de ocupación en Alemania. De todos modos, a la distancia y en medio de una época medrosa y de chatas ambiciones, sorprende aún más todavía, tanto derroche de valentía  y de coraje para enfrentarse con las potencias triunfantes en la Segunda Guerra y erigirse en líder del movimiento de países tercermundistas.
Y ahora me pregunto: ¿Quienes cuentan la historia? La cuentan ellos, los colonialistas, la cuentan los stalinistas, la cuentan los genocidas y masacradores de pueblos o acaso como en este momento: la contamos nosotros, con verdad, con empecinamiento y con la misma vocación nacional de nuestros ancestros, para que los que viven caminando en este camino de la vida por detrás de nosotros, sepan cuál fue la verdadera historia y cuál el camino que tienen por delante


Jorge Rulli - Horizonte Sur - Radio Nacional - 13 de agosto de 2005

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